martes, 6 de febrero de 2018

IGUAL - MENTE

Estoy bastante harta de encontrarme, sin poder eludirlo,  en conversaciones acerca del feminismo. Me resulta demasiado a menudo una conversación cansina, un diálogo de besugos, discutiendo lo indiscutible: todos los seres humanos somos iguales, al menos así nacemos, portadores de derechos universales que nos hacen supuestamente libres y autónomos. 

Trato de no discutirlo desde hace tiempo pues comprendo que no todos los humanos evolucionamos al mismo ritmo, ni al mismo tiempo, ni a todos nos inculcan las mismas ideas. Por eso cuando alguien de mi entorno asigna funciones específicas a sus semejantes, o determina diferencias entre unos y otros, por razones culturales y cree firmemente que los hombres y las mujeres no somos equivalentes, cuando percibo que no se ha dado cuenta de que somos iguales, dejo de considerar sus afirmaciones y bloqueo el lugar de mi mente en el que colocaría la conversación, me pasa por el cuerpo sin dejar ni rastro. Si acaso una sensación amarga, o es la "pena cabreada".

Se discute del feminismo con una ignorancia temeraria. La fuerte influencia de las medias discriminatorias-positivas implementadas para permitir el desarrollo del género femenino en la sociedad ha causado estragos en las mentes de los hombres y las mujeres que viven cómodamente en el patriarcado. No han comprendido que las leyes con "proteccionistas", que son fruto del mismo sistema de pensamiento que discrimina a las mujeres y no liberan, solo protegen. 

No se dan cuenta, o no quieren ver, que la simiente del feminismo nace en cualquier mujer, en todas las mujeres, la primera vez que sufren discriminación, cualquier tipo de injusticia, por el hecho de ser mujer, algo inexplicable en principio, que sucede con más frecuencia de lo deseado.

La revolución feminista es imparable, pero anda despacio, en silencio, es transformadora y su arma mas poderosa es la educación, la escuela es el templo. Saber leer, escribir y calcular es lo que libera a las mujeres del sistema que nos oprime. Por ello es imprescindible la formación de los niños y niñas en el hogar y cuando jóvenes, fuera de las escuelas y de las organizaciones religiosas.

Hoy ya hay muchos hombres jóvenes, educados por "feministas" que comprometimos parte de nuestro tiempo en convencer a otras mujeres de que teníamos espacio en la sociedad y que necesitábamos autonomía emocional y financiera para creer como personas. Esos hombres tampoco discuten sobre la igualdad, son hombres evolucionados que compiten por sus objetivos y no consideran el género un factor determinante. También ellos encuentran dificultades en las relaciones con las mujeres ancladas en el patriarcado, que creen que ser feminista es estar presentes en cualquier parte, ser una cuota... o un florero. 

Y termino por hoy. 

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