viernes, 6 de julio de 2018

Un viaje a Burgos Mayo 2018



 Juani y yo, cuando nos conocimos 
Hacía  mucho tiempo que no hacía un viaje en coche, un paseo por el mundo para visitar sitios y conocer gente.
No lo añoro, porque viajar lo he seguido haciendo, aunque los cambios habidos en mi vida me obligan a utilizar el avión. Tengo otra perspectiva del mundo y de los viajes.
Con una amiga, con la que ya he compartido ratos de risas, música y conversaciones, con la que conecto en las redes sociales también, voy a emprender unos días de vacaciones y planeamos hacer “un viaje a lo desconocido”
Ambas vivimos solas, no aisladlas, tenemos descendencia y disponemos de algunos recursos para dedicarlos a la “aventura”. Cada vez que se lo comento a alguna persona me traen al caso la película de las dos amigas que viajan en coche, por América y tras mil aventuras, a cual más complicada, de las que van saliendo “tirando para adelante”, acaban despeñándose por un precipicio. No me gusta como acabaron, así que trataremos de mejorar el relato.
Hemos dejado la preocupaciones atrás



Por fin, en mayo, emprendemos el viaje. Vamos a Burgos, aprovechando la invitación de Pablo del Barco  que presenta estos días, en la Feria del Libro, su último libro editado. Nos hospedaremos en su casa y hemos decidido dejar el programa en manos de la improvisación y la sorpresa. 


Un buen trazado de la carretera, una conductora suave y firme, han permitido que charlemos más cómodamente y estrechar los lazos amigables de la amistad que ha surgido entre nosotras.  No teníamos prisa, pero tampoco convenía desviarnos del camino, para llegar a tiempo a la cena, para la que nos esperaban. 
La primera sorpresa es el propio paisaje. Fuimos por Mérida, haciendo algunas “paraitas”. Me reconfortaba esta zona que recorrí algunas veces junto a Paco, mi compañero de vida. Recordaba el paisaje, cuando la carretera era serpenteante y de doble dirección. A veces las curvas eran tortuosas, haciendo del paraje “un paraíso prohibido”, ya que, evidentemente, era peligroso viajar, además del lamentable estado de las carreteras.
Ni un alma visible 
Conforme avanzábamos en nuestro viaje se nos iba despejando la cabeza, dejando atrás las rutinas y preocupaciones que nos aturden.  Para repostar nuestros cuerpos, ya que sentían hambre, optamos por seguir las indicaciones de un extraño cartel que anunciaba “El Solitario”  unos kilometros más adelante. A ver que, o quien, era eso. El clima era lluvioso y frío, muy propio para un guión de miedo, el tráfico escaso y había que desviarse. Llegamos a Montemayor, en la provincia de Cáceres, en el límite con Salamanca. Encontramos el lugar total-mente vacío. No es temporada.
Unas instalaciones para albergar a unas sesenta personas, en las que apenas vimos a dos empleadas que nos atendieron muy amablemente, invitándonos a visitar el complejo. No sé por qué se me vino a la cabeza la película “El Resplandor”, quizás por la misteriosa presencia de una adolescente que había sentada en un rincón, con la mirada fija en un televisor lejano, en absoluto silencio. Como un fantasma de los que habitarán, sin lugar a dudas, estos rincones. Un buen sitio para descansar en la “naturaleza urbana”.
Dejamos atrás “al solitario otra vez solo”, emprendimos nuevamente viaje a nuestro destino, y acostumbradas como estamos, a vivir sin tener que darle cuantas a nadie, se nos olvidó la cortesía de avisar,  desde el camino, a nuestros anfitriones que nos estaban esperando algo preocupados. Habíamos dejado todo atrás, hasta la vergüenza por lo que se ve e íbamos adelante, a encontrarnos con personas. Pedimos disculpas al llegar, y se notó que nos comprendieron. 
Con nuestro GPS en la mano no tuvimos ninguna dificultad para llegar al sitio exacto. Ya no hay que ir preguntando por la dirección, bajando la ventanilla, por donde entre la cabeza de algún paisano, fisgoneando el interior del coche, mientras responde a nuestra consulta, gesticulando, llamando a la izquierda, derecha, “Arriba y abajo” y viceversa, o mas pintoresco, no coincidiendo los gestos con las palabras, que acaban en una explicación simple: “por ahí” y “pregunte otra vez”
La calle donde viven Pablo y Audira
Encontramos a casi nadie en el trayecto, ya había anochecido, con el GPS a punto de estallarme en la mano, gritando ¡Ya ha llegado a su destino! lo que había ante nosotras era una muralla, con una puerta…
 ¡No podía ser!, pero era, al doblar la esquina, en ese paraje increíble, frente a nosotros se alzaba un Monasterio, del que luego tuvimos mucho que hablar, como escenario del encuentro con nuestros anfitriones.


Allí estaban, Pablo Audira. Nos dieron una cálida bienvenida
Allí estaban, Pablo y Audira. Nos dieron una cálida bienvenida. Compartimos unas cervezas y unos pinchos y la primera parte de una larga conversación y no faltaron la inmediatas referencias a Sevilla y sus gentes, recuerdos de amigos comunes y lo normal, que Pablo nos hablara de la historia del Monasterio y la zona donde nos encontramos “Las Huelgas”, el lugar donde ha establecido su residencia, en su ciudad natal. 
Nos mostraron su vivienda y la habitación destinada a nosotras. ¡Que laberinto! Básicamente la pareja está instalada pero aún hay cajas y cajas llenas de libros, documentos, objetos artísticos y a saber que más, que se apilan por las habitaciones. Todos los centímetros cuadrados de las paredes están repletos de cuadros y figuras a cual más bella e interesante. Sobre todas, si preguntas, se obtiene la respuesta del Dr. Pablo del Barco, es profesor y no puede dejar de serlo, sabe que está enseñando. 
En el paseo por la casa se me vino a la cabeza mi más tierna infancia, cuando visitaba a mi abuela paterna, una anciana que era anticuaria y tenía la casa “empetá” de muebles, objetos, santos, mantones, platos, un sin fin de enseres con los que mi abuela negociaba. Mi abuela me contaba de sus viajes en tranvía por los pueblos de la Alpujarra, donde encontraba piezas de valor que luego vendía “al americano”, un neoyorkino que visitaba frecuentemente Granada “en busca de tesoros” y compraba aquellas antigüedades. 


creando un jardín
 Cualquier detalle de la casa es para pararse un rato y no hay espacio en las mesas, están llenas de libros y libretas y es que Pablo ocupa toda la casa, aunque, como es de suponer, dispone de un espacio de trabajo, un “despacho” al que acude cada mañana, “muy tempranísimo”, y se pone a trabajar, sentado ante su magnifico ordenador. 


Es un hogar en el que Audira aporta un sentido del humos muy sutil, tiene detalles muy simpáticos mezclados en lo cotidiano y está creando un jardín. Es una mujer, joven, culta y bella. 


Un casa que parece un museo de antigüedades y objetos singulares
Descubrí esta "huella" en un rincón 
Esta placa estuvo en Sevilla cuarenta años

En esta casa se respira calma, es un inmueble de apariencia sencilla que encierra un tesoro. Las luces del interior se encienden solas, al paso de los humanos, cuando se dan cuenta del movimiento, pero no lo hacían a mi paso, así que tuve que entrar bailando, gesticulando a modo de saludo, para que el dispositivo dejara de considerarme “un fantasma”.
Cansadas del viaje, Juani y yo nos dispusimos a dormir. Habíamos estado hablando todo el día de “nuestras cosas” y se presen-taban ante nosotros unos días muy prometedores, teníamos muchas cosas que ver porque Burgos estaba en plena cele-bración de “La Noche Blanca”, con sugerentes eventos. 

Teníamos mucho que ver

Esta visita a Burgos es la invitación que el propio Pablo del Barco me hizo durante un divertido desayuno en la terraza de un bar, en una popular calle de Sevilla. Era un encuentro de amigos, “Pablo y Peter, los picapiedra”, que posteriormente publicó en la prensa Paco Correal.

Conocí a Pablo del Barco lamentablemente poco antes de que abandonase Sevilla, después de cuarenta años residiendo en esa ciudad, en lo que creo fue su última exposición, “MÍRALA POESÍA, MIRA LA POESIA” en la Sala Anticuarium, en Las Setas, de la mano de Peter Mair, amigo común, dueño de la famosa Galería-Taberna Anima, lo que favoreció una relación más sencilla y confiada


Un encuentro de amigos, “Pablo y Peter"
Como "Los Picapiedra"
Fue un hallazgo en mi vida, es una persona sorprendente. Se despidió de algunos amigos entre los que me honra encontrarme.

Pablo es lo más destacado de mi visita a Burgos, no es un monumento, yo mas bien diría que es una biblioteca con cuerpo humano, o quizás un museo que guarda en su interior las imágenes que tiene en mente y que va mostrando con palabras. A mi como más me gusta es cuando se expresa en la forma que llaman “poesía virtual”. 

Me honra que un Doctor, profesor de universidad, de quien se puede conocer su larga y honesta trayectoria, me dedique su tiempo. Que me permita, sin “pagar tasas de matricula” disfrutar de sus lecciones y que además me deje hablar. 



En la Galería-Taberna Anima. Un pequeño grupo de amigos nos despedimos de Pablo del Barco










Buenas noches!



Al día siguiente, de madrugada, me desperté totalmente desconcertada. ¿Donde estaba? fue mi primera interrogante y ¿que día es?, en el otro extremo de una ancha cama antigua, a la derecha, un bulto del tamaño de una gran almohada, que resulto que respiraba, era mi amiga, no debimos de movernos en toda la noche porque lal cama estaba intacta, como recién hecha, y no el desastre que yo encuentro cada mañana, y a los pies de la cama una ventana que permitía ver el clarear del día. Una de las puertas daba acceso al cuarto de baño, al que acudí corriendo. ¡Guay! como si estuviera en un hotel, con toda suerte de detalles incluido el dentífrico!!!

... me asomé a la ventana.
Dispuesta a afrontar el día me asomé a la ventana. Parece mentira que estemos a menos de quince minutos andando del centro de Burgos. 


Es un paraje calmo, me lo decían en el bar de al lado. Suele venir gente a pasar un rato por aquí, el autobús pasa a menudo. Apenas pasan coches, ni motos, solo gente an-dando, turistas que visitan el Monasterio. Pablo ya estaba trabajando y a Audira se la podía oír por la casa. Juani y yo nos preparamos para visitar el Monasterio.



Visitando "mi" patrimonio

Santa María la Real de las Huelgas actualmente es patrimonio nacional y alberga a  una treintena de monjas de clausura que se ganan la vida con una lavandería industrial que tienen instalada y fabricando una cerámica preciosa. No me enteré si pagan impuestos o renta de alquiler, no encontré la oportunidad de preguntar.









Va con el móvil, que esta prohibido
El campanario está activo, suenan las campanas cada hora, pero no coinciden con el tiempo real, las monjas “van a su bola”, viven en otro tiempo, pero no molestan a nadie, ni nadie las molesta. Viven en espacios íntimos reservados de  la visita turistica.
El origen del monasterio es clásico. Un rey que, por cualquiera sabe que motivo, tenía que apartar a su hija de la corte y la metió a monja, le construyo “un reino virtual” y le regalo un inmenso territorio, desde Toledo a Castro Urdiales.  De princesa díscola paso a Abadesa poderosa, rodeada de otras princesas y cortesanas organizaron un tinglado que se sostenía con la explotación del pueblo, a base de impuestos y otros tipos de sometimiento. Su jefe en la tierra era el Papa de Roma, a miles de quilómetros, tenía el poder de los obispos, no tenía que obedecer a nadie. 

La breve reseña que Pablo nos adelantó la noche anterior, más las explicaciones de la guía, fueron suficientes para mí. Un relato suave de las parentelas reales y sus cuitas guerreras, de traiciones y alianzas matrimoniales, un paseo por salones llenos de sepulcros, obras de arte por todos los sitios, un edificio y las cristaleras, y la madera tallada. Hay mucho escrito al respecto, pero fue mejor escuchar a Pablo, dice cosas que fueron censuradas en los escritos. El monasterio es una maravilla, está muy bien cuidado y existen libros con fotografías magníficas. Es “un remanso de paz”,  y el olor a rosa inunda casi todos los rincones. Luego compramos el aceite esencial con el que lo aromatizan, todo era denso.

Entre tanto a mi se me volaba la imaginación por los recovecos de la historia, la de los amores y desamores de los curas y las monjas, las novicias, hijas del pueblo, explotadas de por vida, a veces violadas incluso. Los llantos de los fantasmas de los bebes, en fin toda una suerte de imágenes que nacen en los libros que he leído y las historias que me han contado de otros sitios parecidos. 
¡A saber de cuantas conspiraciones han sido testigos estas obras de arte!

 Los paseos por la ciudad han sido como “clases de un master”, con más valor hoy día que los que regala la Universidad del “rey emérito”, por poner un ejemplo.



Rodeadas de obras de arte por todas partes, ante las que el doctor no paraba y daba los datos y explicaciones precisas, he ido comprendiendo algunos “puntos oscuros” de nuestra propia historia, al tiempo que iluminando mi mente. Ha derribado algunos tópicos que me impedían ver claro y llenado algunos “huecos” que por carecer de la formación básica necesaria se me habían quedado vacíos. 

Burgos es una ciudad importante en la historia de España, eso se lee en los libros, y es harto conocida. Es la tierra del Mio Cid, entre otros personajes históricos,  y una de las etapas del Camino de Santiago, por lo que se pueden ver peregrinos por las calles


 Las estatuas antiguas, los escudos los edificios señoriales se mezclan con esculturas modernas, edificios “de diseño” y su oferta cultural es muy interesante. Su gente es amable. La ciudad resulta elegante y limpia.  Hablar de los manjares y los vinos que pudimos disfrutar es una obviedad, estamos en La Ribera del Duero. Los restaurantes típicos y los pinchos han sido un deleite. 

Hemos deambulado sin rumbo por la ciudad, que muestra la oferta cultural de la Semana Blanca de Burgos y observado a sus habitantes. Hay rincones que dan ganas de quedarse y sentarse a contemplar el entorno, nos prometimos volver, ya que nuestro programa principal, la presentación del libro, nos hizo regresar. 




 



 La Feria del Libro era el marco para la presentación, de la mano de Pedro Ojeda, un profesor, también  de filosofía, de la Universidad de Burgos, a quien conocimos un poco antes y tuvimos la oportunidad de compartir una tertulia improvisada en un bar, un poco antes del evento. 

Bastantes amigos de Pablo, a quienes se iba encontrando por la calle, se excusaban de no poder estar con él porque había convocada una manifestación por la sanidad pública. Al final del acto fueron apareciendo.


El acto fue muy sencillo, Pedro Ojeda hizo una semblanza breve y cargada de admiración, con-virtiendo el encuentro en un grato diálogo en el que salió a relucir que hay alguien en la Universidad de Burgos que no quiere que el Dr. Pablo del Barco la pise ni siquiera, por cosas del pasado y de la política. Espero estar presente el día que Pablo imparta una clase en la Universidad de Burgos, el profesor Ojeda se comprometió a intentarlo con todas sus fuerzas. 


Luego nos fuimos a “la cata de libros”, ¡una experiencia genial! 


Una empresa que presenta distintas cervezas artesanas a las que adjudica unas palabras que reflejan sus cualidades y con ellas los escritores invitados proponen una lectura, a la que sigue un breve debate…. las cervezas van subiendo de grado y el ambiente se hace cálido. 


Leyeron textos muy adecuados. El evento estaba dirigido por el Profesor Ojeda y no me acuerdo de los nombres de los demás, porque no tomé nota, lo que que hicimos es brindar en cada ocasión. 


 Cenamos y nos volvimos a casa, paseando y presenciando los encuentros de amigos de la infancia que recordaban “el Burgos de antes”, contentos de la vuelta de Pablo, con la luna llena en el cielo, a seguir las conversaciones y dispuestas, nuevamente, a des-cansar de tanta actividad. 



Otra cosa que teníamos clara era la visita a la Catedral, al día siguiente.  Nos la encontramos “ocupada” por una exposición que mereció la pena encontrar. Tendremos que volver otro día para disfrutar del esplendor de esta obra de arte. 









Como Burgos es una ciudad pequeña pronto nos acostumbramos a su fisonomía y a sus calles por las que estuvimos paseando y recordando anécdotas. También visitamos el mercado, una biblioteca, varias ferreterias, y la Exposición de Tapices… y un montón de edificios que vimos desde fuera que sugerían entrar en ellos. 



El "programa sorpresa" que nos tenían reservado  era la excursión el domingo, así que ajustamos nuestro tiempo y ampliamos la visita.


Orbaneja del Castillo, Lo traigo de la wikipedia:
  • Se caracteriza por su paisaje kárstico modelado por el agua. La Cueva del Agua ha motivado el interés para diversos estudiosos de la geología y ciencia afines. De ella parte un arroyo que atraviesa la población para después caer en cascada hacia el Ebro que pasa al lado
  • El pueblo actual se originó en la Edad Media. Su topónimo deja claro que había un castillo. Vivieron mozárabes venidos de Al-Ándalus. Era un pueblo con aljama, de la que queda el recuerdo en los nombres de las calles. Los Templarios levantaron el Hospital de San Albín. Los Reyes Católicos le dieron el título de villa. Este pueblo estaba incluido dentro de la diócesis de Santander, en el arciprestazgo de Cejancas, junto con TurzoBriciaCilleruelo de Bricia y otros pueblos de este entorno. 
  • En el año 1827 Sebastián Miñano y Bedoya especificó que tenía 38 vecinos, 160 habitantes y producía trigo, cebada, centeno, yeros, legumbres y toda clase de frutas. 
  • Contaba a 1 de enero de 2010 con una población de 47 habitantes, 27 hombres y 20 mujeres. La villa está considerada como Conjunto Histórico, declarado el 3 de junio de 1993 , BOCyL de 9/06/1993 y BOE de 18/08/1993.



















Y una vez visto lo visto, en lugar de retornar a Burgos, nos dirigimos hacia Aguilar de Campoo. Ibamos a seguir la propuesta de la “Noche Blanca”, visitaríamos “Las edades del hombre”, un epílogo a Mons Dei, visitando algunas iglesias románicas significativas.




A mi me encantó la idea porque, de paso, conocería la tierra de “Las Galletas María”, de las que entre mis hermanos y yo habremos consumido toneladas, pues era uno de los alimentos básicos de la posguerra. Cajas y cajas de galletas “Maria”. Lo de Aguilar de Campoo para mi era una anomalía, nadie me pudo explicar por qué había que poner dos veces la letra “o”, ni todavía lo se.
  

Cuando llegamos al sitio no había ni rastro de aquellas galletas. Ahora es una gran nave verde, intentando camuflarse en el paisaje, con un gran cartel que dice….. me da igual lo que diga, yo ya no como galletas de trigo. 










Y la vuelta un deleite. Habíamos cruzado varias provincias varias veces, pero a Juani no se le escapan las indicaciones y no tuvimos ningún percance y además, repito que conduce con suavidad y firmeza. 

Al día siguiente emprendimos la vuelta a Sevilla, no sin antes disfrutar de un excelente desayuno y despedirnos de nuestros anfitriones. 


Aun conservo fresco  el último abrazo que recibí de  Audira, tras una conversación "de mujeres", en el que sentí la templanza de la amistad. 

Juani y yo ahora somos más amigas, más cómplices.