viernes, 6 de octubre de 2017

Me enamoré de un fantasma.

Buscando en mi mente recursos para un relato, he descubierto que toda la vida he "estado enamorada de un fantasma", el mismo siempre, el que ha evolucionado conmigo. Es una proyección de mi misma, de mi propia energía, encarnada en los distintos hombres en los que a lo largo de mi existencia he volcado mi corazón.

Cada uno de ellos, a su paso por mi vida, han dejado una huella y han alimentado la fuente, el depósito de testosterona que llevo dentro, la potencia que va dando forma a la idea. 

Y así es como de uno en otro, desde mi mas tierna infancia, desde que recuerdo a mi padre, hasta el día de hoy, he ido encontrando y conociendo a los hombres suficientes y compartiendo trechos del camino y actividades puntuales, que me han servido de modelo para idealizar, en cada momento, al fantasma que veo cuando alguno me llama la atención, cuando me reflejan.

Hasta hora casi podía afirmar "que los hombres son unos fantasmas", en el sentido del tópico relacionado con su ego y me he llevado una sorpresa al darme cuenta de que no es así. Empiezo a creer en la posibilidad de que sean "energía materializada", de que sean una proyección de la mente..... "una presencia".... 

Y he dejado el tema. 


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