Desde mediados de febrero mi hijo, que vive en Estados Unidos, empezó a recibir mensajes de personas desconocidas, dándole el pésame por mi muerte.
Pensamos que podría tratarse de una broma macabra y le pedí que me enviara los mensajes; entre los remitentes reconocí a algún ex compañero de Partido. Me resultan despreciables este tipo de bromas agresivas y pensé en escribirles algo. Al cesar los mensajes se calmó mi rabia.
Hace unos días me encontré con uno de ellos en la terraza de un bar y fue una escena alucinante. Esa persona me consideraba muerta, había escrito un mensaje precioso a mi hijo sobre su afecto hacia mí, su reconocimiento y había lamentado mi pérdida y se lo comentó a otros compañeros del Partido. Cuando se acercó a mí me dijo: «perdone señora que la mire tanto, es que se parece usted muchísimo a una amiga mía que ha fallecido, se llamaba Carmela». Cuando me quité la mascarilla casi se cae al suelo, se llevó una gran sorpresa, imaginaros, yo resucitada.
Me dijo que se había enterado de mi muerte por el periódico, el Diario de Andalucía, en el que Manuel Gracia había publicado un artículo. Dicho artículo apareció el día 24 de enero. Menciona a una secretaria, sin decir su nombre (era yo) y me incluye entre los muertos, a quienes dedica unas líneas.
Cuando el Señor Gracia se incorporó a la junta de Andalucía, en la que yo llevaba varios años, desde 1978, al principio del proceso preautonómico, me incorporaron a su equipo, hasta que pase a formar parte del gabinete del Presidente de la Diputación de Sevilla. Soy testigo de excepción de la metamorfosis de un docente a un indecente y quizás sea ese el motivo por el que quiere aislarme, eliminarme. O quizás, como ya es viejo, le ha traicionado el subconciente y efectivamente, de manera simbólica, fue el ejecutor de la orden de Susana de eliminarme (matarme) de la organización del Psoe de Sevilla, donde he prestado mis servicios como fotógrafa durante diez años. Me eliminaron siendo él el presidente de una gestora compuesta por más de 60 miembros, la más numerosa que yo había visto en todos los años de militancia en el Partido, estaban todos representados, todas las familias, todas las facciones, los amigos y enemigos, todos serían recompensados. Me echaron.
Esto sucedió precisamente cuando mi compañero Paco Carreño, después de 40 años de convivencia y padre de mí un único hijo falleció. No pude reaccionar como era mi costumbre cada vez que me represaliaron. Era fuerte y no podían conmigo.Yo tenía razón y sabía muchas cosas. Gozaba de la confianza de muchas compañeras y compañeros. El dolor que inundaba mi ser me paralizaba.
A mí me gustaría que se supiera que no estoy muerta, que estoy callada. Que guardo en el desván de mi memoria los hechos vividos, las emociones recordadas, los sueños y los desengaños que me hacen ser lo que soy. Me gustaría que se supiera que no he muerto, solo me he transformado. Me he convertido en una «tejedora». El material que empleo son hilos de lana o algodón con los que hago prendas, gorros, bufanda y complementos y también uso las palabras, con las que hago frases, tejiéndolas en relatos, escribo cuentos y me comunico por las redes sociales.
He escrito mi primer libro: ´«La Sirena del Bosque» y he empezado a escribir el segundo, que sitúo en Granada a finales de los años 60.
Gozo de buena salud, hago ejercicio y cuido mi alimentación, bajo la supervisión de mi hijo, el doctor Carreno Galvez, que agradece las palabras de aliento que recibió de mis excompañeros