sábado, 21 de mayo de 2016

PRACTICAS DE “EJERCICIO DE DERECHOS”
Los bancos, en cuanto se les mira a la cara se ponen “aparentemente amables”, en cuanto se dan cuenta de que sabemos que “viven de nuestra sangre”. Los ricos tienen la fuerza del dinero, los demás, que somos mayoría, tenemos la de las palabras, la de la razón, y contamos con las poderosas redes sociales, es decir que “nos juntamos”, como en una nube, y proyectamos nuestra sombra, y creamos opinión. Bien es sabido que la publicidad es también un arma útil en las batallas.
Para poner un ejemplo práctico apoyando esta afirmación, os traigo la anécdota que me ha pasado estos días atrás.
Entré en una sucursal del Banco Popular y en la cola de la caja había cinco personas por delante de mi. A la media hora seguía igual y escuché a uno decir que llevaba ya tres cuartos de hora en la misma situación. Personas mayores, algunas muy, muy mayores, sin asientos suficientes y sobre todo con una desalentadora indiferencia por parte de los empleados que minaba mi cerebro. Hasta que me dirigí al despacho más cerrado de todos, suponiendo que sería el del máximo responsable de la sucursal, abrí la puerta sin llamar y sin saludar ni mediar palabras previas de disculpa, me dirigí, con voz firme, al hombre que allí se sentaba, en los siguientes términos: “Supongo que es Vd. el responsable de esta sucursal y creo que se les ha desbordado. Creo que los clientes nos merecemos respeto y Vds. pueden solucionarlo, dado que algunos de los empleados de la sala están aparentemente desocupados, alguno podría hacer de “apoyo a caja” por un rato, como sucede los “días de cobro” de los pensionistas”. Su respuesta, “yo no soy responsable” (no pidió disculpas)
A continuación el hijo de una de las ancianas, que ya llevaba una hora allí, se puso a dar voces, a repetir, de forma grosera y violenta, lo que yo había dicho. Otra vez intervine, esta vez para decirle al vocinglero que así no ganaríamos nunca el respeto, que era el motivo principal del malestar y la discusión, además de que las broncas perturban a todos y crean malestar en el ambiente. 
Después de resolver mi gestión en caja, pedí una hoja de reclamaciones, la oficial. Otro rato…Y la chica que me la dio ni me miró a la cara, ni se disculpó, incluso me invitó a esperar para darme los datos que me faltaban en el impreso. Me trató como a “un bulto sospechoso”. Rellené el impreso, di una lección que otros clientes reconocieron y me fui pensando en el “coñazo” que es reclamar. Es tan tedioso que dan ganas de desistir en todos los tramites burocráticos que me quedaban por hacer. Ya los conocéis, plazos de respuesta, si se aclara o no entre las partes, llevar copia a la Junta de Andalucia. Yo estaba dispuesta a llegar hasta el final. Tengo tiempo para ello
Sorpresa! El banco ha puesto todos los mecanismos burocráticos a tope para que mucho antes del plazo previsto, apenas dos días después,  me llegue un escrito en el que me piden disculpas y justifican las molestias causadas. 
Eso es lo que tendría que haber hecho el primer empleado, el hombre sentado en el despacho cerrado, al que me dirigí en primera instancia. Habría ahorrado tiempo, papel, los paseos del cartero, que vino dos veces y no habrían dado pié a que nos riamos un poco….
La verdad verdadera es que los bancos están reduciendo personal y no dan a basto los empleados, lo que no es excusa para ser amables. 
A mi, en realidad me daba igual esperar, estar allí tres horas, estaba sentada leyendo un libro, y mi Ipad en la mochila. Estoy jubilada.

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